
Papa: Que Dios te tenga en Su Gloria.
En un dia como hoy dejaste este valle de lagrimas y te fuiste a reunir con Chito, con tus padres y hermanos, con mi madrina, con Lichita y tantos mas que se nos adelantaron.
Hoy se cumplen dos años que te fuiste. Hoy hacen dos años que nos dejaste sufriendo tu partida.
Aunque no deseo la muerte ahora, espero con paciencia el dia de mi juicio, tengo la esperanza de volver a encontrarme contigo.
Perdoname padre por no mantener lazos con mis hermanos y madre, pero yo creo que tu me comprendes que no me es facil volver a acercarme a ellos. No se si es el resentimiento por lo que pasó cuando te enfermaste y te sacamos del hospital, ó es que no he sido un buen esposo, ni un buen padre y mucho menos un buen hijo y siento que he fallado en todos los sentidos.
Hace poco que conocí a una pareja de esposos de nombre Juan Fraga y la señora Jovita Fraga y cuando les pregunté del origen del apellido me dijeron que eran de Coahuila, especificamente del area de Zaragoza, Coahuila. El señor mencionó nombres que me acuerdo que tú me llegaste a hablar de ellos, Maria Fraga y Virginia Fraga entre otros. En unos cuantos minutos de platicar terminamos deduciendo que probablemente este señor viene siendo algo así como primo segundo tuyo.
Como echo de menos platicar contigo de tus papas y tios y otros familiares que yo no llegué a conocer.
Le platiqué a los señores estos de Doña Patro (q.e.p.d.) y de cuando nos llevabas a su casa en Villa de Fuente y tu prima cuyo nombre no recuerdo y quien nos daba leche en polvo. Me acuerdo que nos gustaba comernos la leche así, sin mezclarla con agua, como si fuera pinole.
Claro, a tí te gustaba platicar de todo, pero tus temas preferidos eran los tractores y trailers que manejabas en Mexico, los caminos y carreteras que recorriste incontables veces, tus jefes o patrones de esos tiempos, tales como Los hermanos Villarreal, dueños de la Casa Villarreal, y Cines Villarreal, los Purón, dueños de los Almacenes Coahuila, don Pancho Silva, el señor Badillo de la Conasupo.
Siempre tenías algo de que platicar y ha veces me decías "... a ver si vienes más seguido pa' platicar aungue sean mentiras..."
Aunque sé que ya no sufres de los terribles dolores en los huesos que el cáncer consumía con gran rapidez, no dejo de sentirme culpable por no decirte claro de el mal que padecías y de haber accedido a la petición de mamá de sacarte de la casa y llevarte al hospicio, lugar a donde tú no querías que te llevaramos. Perdóname papá, fuí muy débil, siempre lo he sido.
Señor mio Jesucristo, Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón de haber
pecado, porque he merecido el infierno y he perdido el cielo, pero sobre todo
porque te ofendí a ti, que eres bondad infinita, a quien amo sobre todas las
cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, enmendar y evitar las ocasiones
próximas de pecado, confesarme y cumplir la penitencia. Confío en que me
perdonarás, por tu infinita misericordia. Amén.