Wednesday, November 6, 2013

Desmenusando un poema

Alberto Cortéz logra, (no se cómo) describir mi vida y la de muchas otras deambulantes almas, en su poema hecho canción,  "Parábola de uno mismo"

Cuando uno es joven y despierta a la inspiración de otros, uno quiere conquistar al mundo entero y se prepara a su modo y su capacidad y marcha a pasos dobles y sube las escaleras de a tres o cuatro peldaños para llegar arriba lo más pronto posible, uno no mide consequencias y no le importa pisotear a quien se atraviece en su camino.
Cuando uno al fin arriva a tan codiciada posición, uno decide que ha de mantenerse ahí, en la cima a costa de lo que sea, y en la mayoría de los casos, la posición, el nombramiento, el salario o sueldo, ahora más atractivos,  nos ciega a otra realidad y se nos sube a la cabeza y negamos la mano a los que vienen detras de nosotros, buscando también la gloria y persiguiendo las mismas ambiciones. Desconocemos virtudes y morales y lo que antes percibíamos como realidad, se transforma sin uno darse cuenta, en distorsion una y otra vez.
Cuando nos sentimos poderosos, no escatimamos en precios ni calidad, buscamos conseguir lo mejor para demostrar al mundo que ya hemos arrivado y que podemos pagar la cuenta de todos los invitados y no nos ponemos a pensar que otros nos siguen sólo por el dinero y lo que uno representa, una farsa. Nos negamos a aceptar que cuando el dinero desaparezca, lo mismo haran las compañías que por el momento nos frequentan.

Cuando todo parece sonreírle a uno, con el ego desbordado,  uno piensa que todo es duradero y que nunca más le faltará algo a uno mismo, piensa que el poder y la juventud son eternas y no se prepara para el futuro.
Más, llega un momento en que los demás ya no nos miran con los mismos ojos, ya no hay saludos ni felicitaciones, ya no hay más invitaciones a fiestas privadas ni públicas. Pero hay quien se rehusa a enfrentar la realidad, a aceptar que uno se comienza a hacer viejo y que ya no atrae a quienes atraía antes. Se aferra uno a lo que era antes de que los años se vinieran encima.
Insistimos en que se nos mantenga vigentes en todos sentidos, y nos enfada que otros no quieran escucharnos y ni siquiera se nos reconozca. Porqué me ignoran? se pregunta uno, es que estan sordos ó yo estoy mudo?.
Lo triste viene cuando uno se da finalmente cuenta de que las riendas ya no estan en nuestras manos, las riendas las tiene alguien más.
Con el orgullo personal herido y quebrantado, no queda más remedio que aceptar que todo ha sido una farsa, ahoraa ya es tarde para lamentarse y echar vuelta atras y retrazar su destino.
Cuando se queda uno solo, empieza por abrir todas las puertas que antes cerraba con recelo, pero muchas veces, cuando esto pasa, y uno despierta a la dolorosa realidad de la soledad, ya es muy tarde y nadie vuelve a pasar por esas puertas.



 

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